Por Magdalena Riveros*
El rigor y la ética ante la ciudadanía, para que el periodismo recupere su esencia frente a la polización política y el espectáculo en los medios masivos y la desinformación.
En Paraguay se acentúa la crisis de confianza hacia los Poderes del Estado, donde el periodismo tampoco escapa del desencanto social. Estamos viendo de como golpea al ciudadano común el alto costo de vida y a la vez de como la corrupción crece a pasos agigantados con impunidad. La prensa masiva, comercial, por su parte nos muestra dos realidades diferentes: Un sector de los medios empresariales prioriza la agenda política oficialista, difundiendo propaganda y no mirando las necesidades de la gente. Esta pérdida de credibilidad de la prensa que se inició tiempo atrás no desaparece, y quizás sea porque convirtieron la información en una mercancía de facciones.
La degradación de los contenidos es alarmante. Los noticieros se convirtieron en un espectáculo de crónica roja que revictimiza y entretiene, pero no explica a fondo el origen de los hechos que difunden. A esto se suma el desplazamiento del profesional formado por influencers o políticos, quienes ocupan espacios estelares priorizando el «alcance» mediático sobre el rigor profesional del periodista y del comunicador. Abunda el periodismo de superficie, con falta de preparación técnica. Esto hace que la ciudadanía quede huérfana de análisis minucioso de temas de incidencia en la población.
En este escenario ahora surge la Inteligencia Artificial y su incidencia: su mal uso puede industrializar la desinformación y las campañas de desprestigio que sobresalen en redes sociales con hechos alterados. Pero una utilización ética de la IA, basada en la verificación y el análisis de datos, podría ser una herramienta para que el periodista recupere su capacidad de fiscalización.
En el ámbito institucional, la comunicación pública involucionó hacia la propaganda estatal dirigida por personas con perfiles que no corresponden al área de comunicación (como abogados y médicos), mientras el periodista, comunicador de carrera, enfrenta una precariedad laboral y trabas para ejercer el pensamiento crítico.
Si bien el espacio digital ha permitido el nacimiento de medios alternativos interesantes, estos deben evitar la tentación de replicar contenidos virales sin contrastar, de caer en la desinformación, evitando que las facilidades de la tecnología opaquen la verdad.
¿Qué podemos hacer para recuperar el prestigio perdido?:
- Dignificación: Superar el individualismo y exigir condiciones laborales dignas y que los cargos de comunicación estatal sean ocupados exclusivamente por profesionales del área.
- Retornar al rigor y la verificación: Separar el periodismo auténtico del espectáculo y entretenimiento. En simultáneo, el contraste de fuentes debe ser el puntal de un muro contra los relatos deformados y las campañas de desprestigios que abundan en redes sociales.
- Compromiso con la agenda ciudadana: Abandonar las carpas políticas y volver a investigar los problemas reales del ciudadano y la gestión pública.
- IA con criterio humano: Adoptar la tecnología como aliada para elevar la calidad del contenido, pero nunca para sustituir el compromiso ético ni la comprobación de los hechos en el terreno.
- Valorar la ética: Un compromiso con la verdad permitirá que el comunicador deje de ser un promotor de imagen y recupere su rol de mediador social y de servidor de la democracia. La profesionalización debe ser un mandato ético.
*Periodista y secretaria general de la Sociedad de Comunicadores del Paraguay.
Foto: Conferencia de prensa de la Mesa para la Seguridad de los Periodistas (archivo web).


Excelente!