Al compás del Corán y de Las mil y una noches: «Los dos reyes y los dos laberintos» de Jorge Luis Borges

Al compás del Corán y de Las mil y una noches: «Los dos reyes y los dos laberintos» de Jorge Luis Borges

Por Valeria Vázquez*

Tengo en las manos un ejemplar de las obras completas de Jorge Luis Borges, de la editorial Emecé, año 1974. Lo abro y me recibe un aroma a papel envejecido. Me dirijo a El Aleph, página 531. Se lee la fecha en que fue publicado: 1949. Sigo hasta la página 607, en donde me encuentro con “Los dos reyes y los dos laberintos”. El cuento es breve, ocupa 27 líneas. El título lleva una nota al pie: “Esta es la historia que el rector divulgó desde el púlpito. Véase la página 601”. Esta corresponde al cuento “Abenjacán el Bojarí, muerto en su laberinto”, que empieza en la página 600. Es decir, “Los dos reyes y los dos laberintos” funcionaría como una nota al pie del cuento más largo. Me pregunto qué relación tienen ambos cuentos. Dejo la pregunta latente. Me centro en el cuento breve.

Con un lenguaje que emula al del Corán y nos anuncia que Alá es testigo de los acontecimientos (“Cuentan los hombres dignos de fe [pero Alá sabe más]”), un narrador omnisciente nos presenta al rey árabe y al babilónico. Ambos se enfrentan de un modo sutil, pero poderoso. El segundo hace “penetrar” al primero en el laberinto de su reino, construido por magos y arquitectos, una obra escandalosa- —a juicio del narrador—- ya que “la confusión y la maravilla son operaciones propias de Dios y no de los hombres”. El rey árabe es salvado de morir en el laberinto babilónico por la intervención de su Dios. Pasado el tiempo, logra convertir a su par en trofeo de guerra. Entonces lo conduce a otro laberinto, ya no de piedras y de ostentosa construcción, sino de arena. Es el desierto, un laberinto de abrasadora simplicidad. No es obra de los hombres, sino de la naturaleza, es decir, de Dios. Allí abandona el rey árabe al rey babilónico para que muera de hambre y de sed. El narrador no es uno neutral. A más tardar a esta altura se posiciona claramente del lado de la divinidad suprema, cerrando el relato con una última fórmula laudatoria: “La gloria sea con Aquel que no muere”, como si devolviera, después del juego de los dos reyes, la escena entera a las manos de Dios.

¿Es la historia de una venganza o es una reflexión ético‑religiosa sobre el poder humano y divino? ¿Qué papel juega el registro coránico y la estructura dual sugerida en el título?

No llego sola al análisis este cuento. Otros lectores han trazado antes sus propios mapas del laberinto. Diversos estudios han subrayado la omnipresencia de la dualidad, visible en el relato: dos reyes, dos laberintos, Babilonia y Arabia, artificio y naturaleza, poder humano y divino. Es reconocible que esta funciona como principio constructivo del relato y como clave para entender sus tensiones conceptuales. Joaquín Roses (2017), por ejemplo, ha mostrado cómo estas “dualidades conceptuales y formales” dialogan con la tradición árabe y con otros textos de Borges, reforzando la idea de que la estructura binaria no es un mero artificio, sino el modo en que el cuento piensa el mundo.

Lucas Adur (2022) hace una interesante lectura sobre el Corán en la obra de Borges que nos permite reconocer cómo el texto se apropia del tono y ciertas fórmulas del Libro sagrado no con un uso doctrinario, sino como quien toma un modelo de discurso para jugar con él literariamente. Las citas referidas más arriba dan cuenta de este juego para imitar una parábola árabe, pero también para marcar discretas ironías, como cuando el rey árabe despide a su par en el desierto, elogiándolo con la invocación “oh rey del tiempo y sustancia y cifra del siglo”: cuanto más absoluto suena el título, más contundente será luego la imagen del rey perdido en el desierto, reducido a un cuerpo sediento bajo el sol.

Al horizonte coránico se suma otro libro que, como ha mostrado Roses, resulta decisivo para entender el cuento: Las mil y una noches. Había dicho que el cuento más largo “Abenjacán el Bojarí, muerto en su laberinto” es una nota al pie de “Los dos reyes y los dos laberintos” (o viceversa). Al introducir al gran libro de cuentos oriental en el análisis, es posible interpretar que la función de ser nota al pie es  la de convertir al cuento en un cuento dentro de otro, es decir, construir una constelación oriental más amplia, emulando la estructura de las mil y una noches. Como una imitación—una forgerie, diría Genette (1982)— de las Noches árabes.  

La impronta coránica y la huella de Las mil y una noches no son aquí un simple decorado exótico, sino una atmósfera y una forma: un ritmo, un compás, un modo de contar que nos deja en manos de un narrador anónimo, en un tiempo remoto, para pensar algo que nos resulta dolorosamente cercano: Las guerras, la soberbia humana, los juegos de poder. Aquí radica el pathos aristotélico en el texto borgiano. Leído desde nuestros días, ese juego literario ilumina los juegos de poder que siguen construyendo desiertos y laberintos —geopolíticos, mediáticos, mentales— en una humanidad cansada, atravesada por el dolor de la pérdida y la deshermandad, en ocasiones sin poder siquiera recurrir a los grandes relatos que antes la sostenían. En ese paisaje, el microcuento borgeano no ofrece consuelo teológico, pero nos entrega al menos dos imágenes nítidas: la de una soberbia que construye sus propios laberintos y termina perdiéndose en ellos y la del límite absoluto del poder humano frente al misterio de una naturaleza que aún puede operar “la confusión y la maravilla”.

Cabrá al lector situar la balanza entre las posibles lecturas, mientras disfruta de una historia que, con un juego magistral del lenguaje, pone en tensión dos visiones de mundo: una laico-material y otra teológico-religiosa, paradójicamente contemporáneas.

Antes de cerrar el libro me detengo en la primera página. Es una suerte de anteportada que tiene la apariencia de un tapizado antiguo. Las letras “EE” en mayúsculas sobresalen formando cuadrados oscuros en relieve sobre un fondo verde más claro. Cierro el libro. El aroma a papel envejecido se esfuma sobre el trasfondo de mis pensamientos. No es un libro cualquiera para mí. Me lo regaló mi padre. El propio autor se lo había autografiado.

* Valeria Vázquez es Licenciada en Ciencias de la Comunicación por la Universidad Católica Nuestra Señora de la Asunción y Magíster en Ciencias de la Educación, Filología Iberorrománica y Sociología por la Universidad de Bonn (Alemania). Es docente e investigadora en la Universidad Nacional de Asunción, en el área de la lengua y la literatura, es miembro de Escritoras Paraguayas Asociadas (EPA) y una apasionada de la escritura creativa.

Bibliografía

Literatura primaria

Borges, J. L. (1974). Los dos reyes y los dos laberintos. Obras completas, 1, 607.

Literatura secundaria

Adur, L. M. (2022). La madre del libro: usos y funciones del Corán en la obra de Jorge Luis Borges. Lingüística y literatura, (81), 387-405.

Genette, G. (2014). Palimpsestes. La littérature au second degré. Média Diffusion. (Trabajo original publicado en 1982 Éditions du Seuil en París)

Roses, J. (2017). Dualidades conceptuales y formales en “Los dos reyes y los dos laberintos” de Jorge Luis Borges.

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