Entrevista a Miguel Ángel López Perito*
Miguel Ángel López Perito, en entrevista con Revista País, indicó que para superar los acuerdos entre élites y grupos dirigenciales, que apuntan al prebendarismo y fortifican una oligarquía corrupta, hay que generar un diálogo social en Paraguay que construya una ciudadanía corresponsable y cogestora de su presente y su futuro. Para ello, habrá que incorporar en el análisis no solo la realidad material, objetiva, sino también la subjetiva e intersubjetiva, cultural, además de incluir una visión integral de los problemas, que no solo sea academicista, sino que recupere también el sentido común, las culturas locales y la universal, las conciencias ingenuas y críticas, en una integración creativa. Reconoce, no obstante, la escasa capacidad de diálogo de los referentes sociales paraguayos. Aduce, además, que nuestro país ni siquiera puede considerarse un Estado y que su propia Constitución proyecta una institucionalidad que no es tal.
El ex ministro secretario general durante la presidencia de Fernando Lugo (2008/2012) y ex senador (2013/2018) realiza un análisis exhaustivo sobre el camino a seguir
Revista País (RP): ¿Qué aprendimos sobre los diálogos sociales o políticos en Paraguay?
Miguel Ángel López Perito (MLP): Hay que preguntarse, en primer lugar, cuántos diálogos y proyectos se realizaron en la historia reciente de nuestro país, el momento en que se realizaron, entre quienes y con qué resultados y proyecciones. Según los registros de Milda Rivarola y de Jorge Talavera se dieron, desde el 97, aproximadamente siete procesos de diálogos sociales de distintas características. Hacía 1978 se dio el Acuerdo Nacional, pacto interpartidario de la oposición para enfrentar a Stroessner. Y Wasmosy impulsó el llamado “Pacto de Gobernabilidad”, que hasta ahora sustenta el sistema de cuoteo institucional en la CSJ, CM, Jurado de Enjuiciamiento, Contraloría, Defensoría del Pueblo, Tribunal Electoral, elección de mesas del Poder Legislativo, etc.
Esta forma “paraguaya” de construir gobernabilidad, impulsada por Wasmosy, es decir mediante acuerdos entre élites y grupos dirigenciales de diferentes ámbitos políticos, sociales y económicos, a cambio de espacios de poder y prebendas, será sustancialmente repetida y mantenida activa sin solución de continuidad por todos los gobiernos que le sucedieron, llegando hasta el Gobierno de Nicanor Duarte Frutos, y en parte, hasta el nuevo Gobierno de Fernando Lugo, según Marcelo Lachi. En realidad, este sistema continúa plenamente vigente en la actualidad, y vale la pena reflexionar sobre el asunto, en el cual subyace la vocación suicida de las élites políticas de signo alternativo.
Durante el gobierno Lugo (Fernando Lugo, 2008/2012) se realizaron, además de los mencionados por Rivarola y Talavera, dos importantes experiencias de diálogo. La primera fue de carácter más interno, en el área social, para elaborar una propuesta de Política Pública de Desarrollo Social (PPDS), que resultó clave para lograr una aceptable sinergia interinstitucional para el desarrollo de la política social. No obstante, se organizó un debate público con diversos sectores de la ciudadanía para corregir y ajustar la propuesta. La segunda experiencia se realizó en torno al proyecto de Innovación Estructural del Poder Ejecutivo, liderado por la Secretaría de la Función Pública, con partidos y movimientos políticos, y con el Poder Legislativo. En ambos casos se buscó el involucramiento personal del mismo presidente de la República, aunque este último proyecto fuera cajoneado posteriormente por el propio Lugo.
También un proyecto de diálogo político sobre una Agenda País, liderado por el Poder Ejecutivo, fue propiciado por el PNUD con la participación de la OEA. El desinterés de Lugo en el proyecto impidió seguir adelante con el mismo.

Se impone, por tanto, un análisis que incorpore lo aprendido por medio de estas experiencias, de manera a prevenir, no evitar, algunos de los típicos problemas propios de los “diálogos” pasados por el tamiz de nuestra cultura criolla. Cuesta prescindir de un sano escepticismo, ya que un avezado líder mundial de diálogos sociales, Adam Kahane, testimonió su decepción por la escasa capacidad de diálogo demostrada por referentes sociales paraguayos, en la experiencia de construcción de escenarios de futuro en “Visión Paraguay” (2000-2001).
EL ENFOQUE INTEGRAL
RP: ¿Cuál es el enfoque que debe darse a los diálogos, en la búsqueda de acuerdos nacionales?
MLP: Al indagar sobre los principales problemas del país y proyectar soluciones de futuro generalmente seleccionamos los más graves y urgentes. O seleccionamos sectores. Se define así una serie de problemas principales de la realidad: modelo productivo, tierras, política fiscal, salud, educación, energía, seguridad, etc. El problema de esta modalidad de “selección” de problemas principales, sectores o áreas, y sus consecuentes propuestas de solución, es que son, generalmente, sectoriales, aislados, definidos en función de sus causas estructurales y funcionales inmediatas. ¿Son causas, manifestaciones, parte de un engranaje más complejo?
Este tipo de enfoque prescinde de tres dimensiones claves de la realidad. Friedrich Merz, canciller alemán, reconoció en las últimas semanas de conflicto con Irán dos cuestiones fundamentales: el orden mundial basado en reglas y acuerdos multilaterales ya no existe, y el Estado de Bienestar ya no es posible sostener. Esto implica algo muy significativo: la soberanía de los Estados nacionales, instaurada por el Tratado de Westfalia en 1648, queda librada a los caprichos del mercado y de la chifladura de los Trump y compañía. La no sostenibilidad del Estado de Bienestar significa la renuncia a políticas sociales orientadas a la igualdad y a la defensa de los derechos. Es decir, priorizar la voracidad capitalista al bienestar de los pueblos. Un programa o propuesta de carácter nacional no considera este fenómeno determinante: el Estado nacional carece del poder y la soberanía para priorizar políticas propias de desarrollo. No se puede dejar fuera este problema. Por ejemplo, bastaría el cierre de la hidrovía para que la economía paraguaya se viniera abajo en semanas.
RP: ¿Cuáles serían las otras dimensiones?
MLP: También habría que incluir la consideración de otras dos dimensiones de la realidad: la realidad subjetiva individual y la realidad intersubjetiva cultural. Al tratar los problemas complejos como un “ello” material, como problema objetivo, estructural, generalmente a partir de datos y consideraciones estadísticas, prescindimos de los aspectos intangibles o no objetivos, como son los elementos sobre la subjetividad de las personas y los condicionamientos de la cultura. Generalmente también prescindimos de las influencias de la evolución y condicionamientos históricos de estos aspectos, que determina que lo que aparece como un fenómeno objetivo actual (por ejemplo: la corrupción), es en realidad la manifestación de una compleja trama de procesos materiales e inmateriales, objetivos, subjetivos e intersubjetivos, configurados en las particularidades del devenir histórico.
El proceso nos ha enseñado, por ejemplo, que la corrupción no es solamente un fenómeno de carácter ético personal, sino la modalidad de funcionamiento institucional de un Estado Oligárquico, que ni siquiera se ajusta a las características formales de un Estado Nacional: territorio, nación, cultura, identidad, poder, institucionalidad. En esta trampa cae la mayoría de las “soluciones” propuestas para erradicar la corrupción.

RP: ¿En qué derivan estas vías de soluciones?
MLP: La consecuencia de la elección de este tipo de metodologías es que alimenta la fantasía de las soluciones operacionales, del tipo utilizado, por ejemplo, por la metodología del Marco Lógico: Problema “A” – Solución “A”, Problema “B” – Solución “B”, etcétera, aun cuando se utilice el análisis sistémico y multicausal. ¿Por qué? Porque se trata de problemas complejos de múltiples dimensiones, y requieren herramientas metodológicas aptas para explicar dicha complejidad, no una sola dimensión de la realidad: la objetiva.
El problema es que los “hechos” no son solo hechos; son esencialmente significados, subjetivos y colectivos, que solo pueden ser abordados desde perspectivas de la psicología, la psicología social, la psicología histórico-cultural, la interpretación de la cultura, etcétera. La mayoría de los diálogos en Paraguay no prosperan o demuestran grandes limitaciones debido a este tipo de problemas, entre otras causas.
¿Diálogo o proceso educativo?
RP: ¿Cuál es otra dificultad que tenemos ante un diálogo social sobre el futuro del país?
MLP: Otro de los dilemas propios del diálogo sobre el futuro del país, que las diferentes metodologías intentan contornar o resolver, es el de las contradicciones entre las perspectivas científicas o especializadas, y las limitaciones del “sentido común” (visión del mundo, ideología) de los actores del diálogo. En las observaciones de Milda Rivarola esta constante, además de la falta de habilidades de diálogo, se caracteriza como pragmatismo por llegar a un resultado sin abordar las diferencias ideológicas. Este desafío constituye para Freire la dialéctica esencial de la educación liberadora.
Es obvio que el diálogo supone la participación plural, la diversidad. Cuanta más participación, más legitimidad adquiere…aunque menos profundidad. En lógica diríamos: a mayor extensión, menor comprensión, y viceversa. Es la paradoja de la hegemonía, el pensamiento y los valores del bloque histórico (o conjunto de clases o grupos) en el poder, abrazado y asumido como propio por el conjunto de la sociedad. La sola participación social, sin el ejercicio de desarrollo de conciencia crítica, difícilmente arroje resultados diferentes a los modos de pensar hegemónicos

RP: ¿Cómo se dio este diálogo con Lugo, antes de las elecciones del 2008?
MLP: El “Aty Guasu” de la campaña de Lugo (2007-08), por ejemplo, generó una infinidad de propuestas casi imposible de sistematizar. El programa de la Alianza Patriótica para el Cambio (APC), sin embargo, se definió en una reunión de pocos dirigentes sobre los conocidos “seis puntos”, ciertamente referenciados a la constelación de propuestas del “Aty Guasu”, con un alto impacto para la campaña. Una vez en el gobierno, Lugo era uno de los pocos que recordaba los “seis puntos”. Algunos de ellos fueron inclusive esquivados por el gobierno. Pero el principal efecto del “Aty Guasu” fue la legitimidad que le generó a Lugo acercarse a consultar a las bases, sobre todo el hecho de que el “líder” pudiera personalmente ser visto, tocado y escuchado (y viceversa). Paradójicamente, Lugo renunció a este tipo de vínculo cercano a las masas, cuya continuidad le ofrecía los llamados “días de gobierno”, que nunca fueron siquiera incluidos en el PGN.
RP: ¿Cómo se genera una responsabilidad recíproca entre bases y dirigencia?
MLP: El diálogo no es solamente un diálogo “inicial” para que las propuestas de las bases sean posteriormente ejecutadas por una dirigencia política (lo que generalmente no ocurre, desde luego). El diálogo “inicial” es solo el inicio de un diálogo permanente que consolide el vínculo y la responsabilidad recíproca entre bases y dirigencia, en un proceso de crecimiento político. El esquema tradicional “vos proponés y me votás a mí para hacerlo”, es más de lo mismo. No vale la pena.
En otras palabras, las propuestas de solución a los problemas de nuestra realidad deben tratar de conciliar estos dos aspectos: el de la amplitud y el de la profundidad, el del “sentido común” y el del “análisis especializado”, el de las “culturas locales” y el de la “cultura universal”, el de la “conciencia ingenua” y el de la “conciencia crítica”, etc. No se trata de privilegiar uno u otro. Se trata de cómo integrar creativamente, de cómo aprovechar la riqueza de cada uno. Y de cómo enfocar el diálogo como un proceso educativo permanente que genere mayor responsabilidad ciudadana sobre sus resultados.
De la propuesta a la gestión colectiva
RP: El involucramiento colectivo es marcado como un ideal por Usted.
MLP: Un diálogo tiene mucho sentido como ejercicio de debate, integración de la diversidad, riqueza de ideas, etcétera, pero le estaría faltando algo fundamental si solo se busca la consulta y el acuerdo sobre propuestas: la responsabilidad de los participantes en la gestión de las soluciones. No tiene mucho sentido recabar propuestas para “el candidato”, “el partido”, el “think tank”, el grupo de referencia, o lo que fuera. No tiene demasiado sentido elaborar soluciones sobre las cuales los participantes no tienen jurisdicción administrativa, poder de gestión colectiva (no solo contraloría). El esquema conceptual republicano tradicional de participación sería: “demandamos a nuestros representantes nuestras necesidades para que nos den soluciones”. Pero a la participación le falta la otra pata: “nos involucramos en la solución de nuestros problemas colectivos junto con nuestros representantes”. No se trata del concepto liberal de “delegación” de poder en los representantes o administradores, sino de cogestión, de involucramiento activo de los protagonistas en la gestión de las soluciones.
No en vano los propios sectores progresistas usan el concepto de “Estado” como equivalente a “gobierno”, “patrón”, o enemigo: se perciben fuera del Estado, no parte de él. Lo cual oculta la dominación de las instituciones del Estado por parte de una oligarquía corrupta y ambiciosa.
Esta fue la línea mediante la cual Amílcar Cabral logró impulsar la conformación de un Estado nacional en Guinea Bissau, constituida por tribus diferentes y aisladas, hasta romper su dependencia colonial en 1974, apoyado en la resistencia de un ejército revolucionario. Las comunidades liberadas asumían directamente la gestión de sus sistemas de salud y educación. Y, sin duda, fue la línea de la Cuba revolucionaria de los 60.
No en balde Stroessner destruyó el sistema auto gestionado de las escuelitas campesinas de las Ligas Agrarias, o la comunidad auto gestionada de Jejuí, o iniciativas similares. Estas menciones no son argumentos para probar determinada verdad, sino hipótesis que deberían considerarse seriamente en todo proceso de diálogo.
Es otras de las paradojas del diálogo que hay que tener presente: cómo pasar de la propuesta a la respuesta, del debate a la acción conjunta, de la demanda a la gestión (o cogestión), del reclamar al generar, del pedir soluciones al comprometerse en las soluciones, etcétera. Un diálogo sobre “ideas”, desconectado de la praxis política colectiva, es candidato a otro libro más que los investigadores sociales utilizarán en el futuro para formular sus hipótesis sobre el estancamiento político (“hemos fracasado una vez más…hagamos la auto crítica”).
¿Existe una “cultura del silencio” o diversas “culturas del silencio”?
RP: Por otro lado, el “así nomas son las cosas”, es una cultura prevalente, que impide esa corresponsabilidad de la que habla.
MLP: Paulo Freire consideraba la educación liberadora como el proceso mediante el cual los sectores oprimidos lograban “decir su palabra”, nombrar el mundo desde su experiencia de sometimiento y alienación, proyectando a la vez su “utopía” en germen, el proyecto de una sociedad diferente, como respuesta al “mito de lo dado” (así nomás son las cosas). A la resistencia de los oprimidos a arriesgarse a decir su palabra, llamaba “cultura del silencio”, el sometimiento que acepta que “así nomás son las cosas”.
Nosotros solemos enunciar este fenómeno como “fragilidad de la conciencia ciudadana” o cosas por el estilo. Constatamos que la ciudadanía se queja amargamente de sus autoridades, pero en tiempo electoral vota básicamente por los mismos partidos y casi las mismas personas.
¿Qué extraño mecanismo maneja este raro y contradictorio comportamiento? Hemos ensayado diversas respuestas: la pobreza, el prebendarismo, el clientelismo, el sectarismo, el miedo, el conservadurismo, el atraso, la falta de educación, etc. Juntas o separadas. Los sectores “alternativos” no pudimos, sin embargo, dar respuestas prácticas a este problema. Y es obvio que quien pretende sobrevivir en procesos electorales tiene que alinearse con el nivel de conciencia ciudadana, a riesgo de quedarse aislado sin votantes.
RP: ¿Cuál es la descripción que podría hacer hoy del Estado paraguayo?
MLP: Habría que considerar seriamente partir de una caracterización de algunos conceptos que habitualmente utilizamos sin calibrar su significado. Rigurosamente, Paraguay no es un Estado. Ni siquiera una nación. Tenemos una constelación de culturas, la mayoría desestructuradas y sometidas. En nuestra fantasía guerrera y militarista nos reivindicamos como la “raza guaraní” (la versión futbolera es la “garra guaraní”), mientras despreciamos al indio y “lo indio”. Los pueblos guaraníes sí son una nación, sin territorio, pero con identidad (desde Centroamérica a la Argentina, a pesar de Alberto Fernández), y no nos consideran a los “paraguayos” como guaraníes. En la lengua Ayoreo los blancos somos “coñone”, “personas que hacen cosas sin sentido”. 90 mil hectáreas para un pueblo ancestral de las selvas chaqueñas, que todavía tiene grupos silvícolas no contactados, es “demasiado tierra” para el gobierno paraguayo; no así las 3.000.000 de hectáreas de bosques convertidos en pastura para vacas que hoy detentan los uruguayos en el Chaco, o más de 300.000 hectáreas entregadas por una jueza a empresas de maletín.
En realidad, los poderes del Estado ni siquiera registran lo que significa “derechos ancestrales”, como tampoco “supranacionalidad” cuando se habla de derechos humanos (CN Art. 145).
Nuestra Constitución proyecta una institucionalidad que no es tal. Tenemos leyes para todo y todes que no resuelven nada. El Estado posee territorios que en realidad no maneja. El agro negocio y la droga transformaron en menos de 70 años un país rural en urbano, pero enraizado en la cultura rural. La propiedad de la tierra por posesión o “contrato de palabra” de siglos anteriores fue de hecho confiscada por las “reformas agrarias” del Estado Nacional y sus organismos competentes, comenzando por el Decreto de 1848 de López que expropió los territorios indígenas. Gracias a lo cual hoy tenemos un territorio de “dos pisos” en el sistema registral, de más de 500 mil kilómetros cuadrados.
Casi con la misma lógica de la “formalización” tributaria, que cobra impuestos a los más pobres y exonera a más de 3.000 fortunas del país, a contrabandistas, narcotraficantes, lavadores y ladrones, según el mismo ex presidente Cartes. Y podemos seguir con páginas y páginas de ejemplo. El hecho es que la ley rige según el status o el poder.
RP: ¿A dónde nos llevan estas reflexiones que realiza?
MLP: A revisar y precisar los conceptos de análisis que utilizamos. La cultura del silencio no solo es aquella signada por el miedo o la sumisión de los marginados, oprimidos o empobrecidos por el sistema capitalista. Son también las culturas “especializadas” y académicas, incapaces de nombrar el mundo real, de renunciar a la tutela conceptual colonialista para parecer “políticamente correctas” a la mirada de los financistas internacionales.
El diálogo debería privilegiar la creación de cultura, nombrar el mundo desde la mirada de los oprimidos, violentados, reprimidos y olvidados del sistema. Para ello, las perspectivas “especializadas” (científicas, académicas, etc.) deberían ponerse a la altura de esta tarea.
Si necesitamos que universidades extranjeras nos digan cómo está nuestra realidad educativa, es porque nuestra intelectualidad está extraviada, o sometida al poder opresor. Como diría Gramsci, cuando hay un divorcio tan grande y evidente entre teoría y práctica, entre lo que pregona el sistema y lo que en realidad hace, es porque la hegemonía funciona muy bien. Los análisis e ideas que no pasan por la práctica política no crean cultura, no ayudan a transformar la realidad.
*Miguel Ángel López Perito, junto a su carrera política, añade una trayectoria previa en el ámbito docente, siendo uno de los pilares en la creación de las organización de docentes durante la dictadura stronista, llegando a ser torturado por la policia stronista, así como ha conocido el exilio.

