DETRÁS DEL MARCADOR: FIFA, NEGOCIOS Y DERECHOS VULNERADOS

DETRÁS DEL MARCADOR: FIFA, NEGOCIOS Y DERECHOS VULNERADOS

                 

Por Víctor Báez Mosqueira                                                                                       

En pocas semanas comenzará el campeonato mundial masculino de la FIFA. La propaganda oficial lo califica como la competencia más inclusiva de la historia; tres países anfitriones (Estados Unidos, México y Canadá), 16 ciudades en las que se desarrollará el torneo y 48 equipos nacionales que van a disputar la Copa.

En la fase de grupos, los equipos competirán en 12 grupos de 4 selecciones. Las dos primeras de cada grupo y las 8 mejores terceras pasarán a la siguiente fase. Por primera vez este torneo tendrá una ronda de 16as de final.

Esto es lo que nos dice la propaganda oficial, pero en la historia hay mucho que se ha escondido bajo la alfombra. Vamos a recordar algunos casos en esta oportunidad.

La FIFA fue creada en 1904 por siete asociaciones nacionales de fútbol . Regulaba en ese tiempo un deporte que era considerado mayoritariamente como amateur. La irrupción de los grandes capitales se dio desde 1974, desde que el brasileño Joao Havelange ganó la titularidad del ente mundial del balompié. Éste contrató a Joseph Blatter, quien inició las relaciones institucionales con la multinacional Coca Cola y extendió contactos y relación con otras empresas de gran porte.

En 1995, durante un campeonato europeo, la confederación sindical mundial CIOSL entró en contacto con la UEFA, miembro muy influyente de la FIFA, para reclamarle que los balones oficiales eran hechos por niños paquistaníes de 5 a 7 años. Tal hecho desembocó en una campaña internacional contra el trabajo infantil. Si mal no recuerdo, la empresa deportiva que producía esos balones y tenía relación con la FIFA, pagaba a los niños 39 centavos de dólar por cada pelota terminada, la cual era vendida en el mercado internacional por 75 dólares.

La empresa, por su parte, no dudaba en pagar varios millones de dólares a un deportista conocido, para promocionar las pelotas. Pero la crítica no era cuánto se pagaba a los niños, sino el trabajo infantil utilizado por una empresa multinacional, mientras los niños debían estar estudiando o jugando.

La cosa no terminó ahí, porque, en realidad, la asociación de la FIFA con las grandes empresas hace que se presione a los gobiernos de los países anfitriones a cambiar las leyes laborales, para acomodarlas a los intereses de las empresas y de la FIFA.

Antes del campeonato mundial realizado en Brasil, en 2014, fue sancionada una “Lei Geral de Copa”, pero la entonces presidenta Dilma Rousseff vetó los artículos 48 y 49 que establecían el trabajo voluntario, ya que es un principio universal que todo trabajo debe ser remunerado. Los precios de los pasajes aéreos subieron sin medida. Los boletos entre Sao Paulo y Rio de Janeiro que normalmente costaban 500 reales, pasaron a venderse a 3.000.

Antes de empezar el campeonato de 2018 en Rusia, fue sancionada la Ley FZ 108 que era de carácter federal, la cual permitía abolir toda regulación o control sobre las personas extranjeras o migrantes contratadas como “voluntarias”.

Ya en 2011, Joseph Blatter lamentó haber tomado la decisión de establecer en un solo acto las sedes de los torneos de 2018 y 2022, porque existían denuncias muy graves contra el trato que el gobierno de Qatar daba a los migrantes que trabajaban en las obras de infraestructura para el campeonato de 2022, bajo un sistema de trabajo forzoso llamado “kafala”. Hubo muchísimas quejas por las malas condiciones en que los obreros extranjeros vivían y por la pésima situación laboral que debían soportar, bajo calores que llegaban a los 50 grados Celsius. Fueron reportadas muchas víctimas fatales. El 95 por ciento de los trabajadores y trabajadoras en Qatar eran migrantes y ganaban menos de 200 dólares mensuales, mientras un trabajador qatarí tenía un sueldo de más de 7.000 dólares por mes. Las empresas encargadas de realizar las obras eran de Alemania, Estados Unidos, Australia, Reino Unido, Bélgica y Japón.

Arabia Saudita será sede del campeonato en el 2034. Casualmente, el 21 de mayo de 2026, el periódico británico The Guardian trae una noticia sobre la empresa petrolera saudí Aramco, una de las que más dinero gana. No quiere compensar a un trabajador migrante que tiene su pierna aplastada por una viga gigante de metal. Dicha empresa es una de las principales patrocinadoras de la FIFA.

Las dictaduras y los procedimientos autoritarios tampoco le producen asco a la entidad internacional del balompié. En 1978 realizó el campeonato mundial en Argentina bajo una situación de dictadura, secuestros y desapariciones. De las monarquías absolutas de los países árabes tampoco se aparta. Y, en esta oportunidad, con todas las persecuciones a migrantes que llevan a cabo en Estados Unidos, la central obrera norteamericana, AFL-CIO, ha lanzado recientemente un pedido al titular de la FIFA, Gianni Infantino. La presidenta de la entidad obrera, Liz Shuler, le exige que proteja a los trabajadores y trabajadoras y que mantenga al ICE (entidad que apresa y maltrata a los migrantes) fuera de las ciudades donde se disputarán los partidos.

Mientras todo se pinta como la fiesta de los pueblos, hay un lado todavía oscuro que debe transparentarse.

                                                                                                       

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